jueves, 16 de abril de 2015

Oscar Castro ..." se acostó a dormir como los grandes de verdad"


                                   
   @DEPORTE2020


Hacen falta  grandes 

Oscar  Castro  

  •  “Mi aspiración es jugar hermosas partidas y si es posible ganar”.  
  • Hay quienes dicen que es el mejor colombiano en jugar ajedrez. Nadie ha jugado como él, afirman. Se llamaba Óscar Castro y se acostó a dormir".

Hernando Ayala M.  Periodista. INSPIRE - DEPORTE VISIBLE 2020. @DEPORTE2020

Siempre creí en esta tabla de salvación ...... 

En la era de la mezquindad, imaginaron que los grandes eran los que más bochinche hacían. Lo ignoraban todo. 

"...un pueblo es el rodeo que da la naturaleza para producir a seis o siete seres humanos, hombres o mujeres grandes de verdad".

Los más grandes son alérgicos a la vitrina y el espectáculo. No se dejan ver. Se protegen del manoseo, estando ocultos.   Bien lo dice esta apología que hace un escritor actual en Colombia : 

El gran colombiano
Nos parece que la grandeza sin fama no es grandeza. Y por fortuna, muchas veces es al revés y quienes justifican que el mundo exista lo hacen en silencio y con discreción, sin que se note. 

" Decía Friedrich Nietzsche (o un homónimo y un contemporáneo suyo, como decía Mark Twain de quien escribió las obras de Shakespeare; no hay verdad que no sea apócrifa) que un pueblo es el rodeo que da la naturaleza para producir a seis o siete hombres grandes de verdad. Lo cual es muy cierto, solo que uno lee esa frase y casi siempre piensa que en ella está el nombre de algún político o de un general, de un pintor consagrado, de un escritor famoso o de un deportista millonario, de un pensador célebre y original. Nos parece que la grandeza sin fama no es grandeza.

Y sin embargo, y por fortuna, muchas veces es al revés y quienes justifican que el mundo exista lo hacen en silencio y con discreción, sin que se note. Sin ruido, sin plata, sin adulación. Convencidos de que quizás no haya más arte en la vida que el de la vida misma, el único que al final importa practicar y conocer y celebrar. ¿“Convencidos de que quizás”? Pues sí: esa suele ser también su marca, ese suele ser su gran talento: convencidos de que en el mundo no hay nada seguro y nada firme y nada serio; convencidos de sus dudas, qué mejor fe.

Personajes de novela o, aún mejor, protagonistas del poema de Borges: “...Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez. El ceramista que premedita un color y una forma. El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto. El que acaricia a un animal dormido. El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho. El que agradece que en la Tierra haya Stevenson. El que prefiere que los otros tengan razón. Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo”.

Yo he tenido la suerte de conocer en la vida a muchos personajes así, y siempre que puedo hablo de ellos para celebrarlos; para agradecer el solo hecho de que existan. Pero hay uno al que no conocí, por desgracia para mí: se llamaba Óscar Castro y era un ajedrecista prodigioso. Un Maestro Internacional, un genio. Y dicen los que lo conocieron que además era el mejor de los amigos y el tipo más bueno y más noble, y un lector voraz que se había leído todos los libros del mundo y que se murió hace un par de días en Medellín.

Se murió de un infarto en la calle, su elemento, pero es como si se hubiera acostado a dormir. Y la frase no es mía sino de quien me habló de él por primera vez hace ya mucho tiempo, el gran Pablo Arango. Yo estaba en Manizales y le pregunté por otro personaje así al que admiro mucho y que vive allá: el maestro José Fernando Calle, un sabio que también lo ha leído todo y que ejerce desde la librería Libélula, que es la mejor del mundo y una de las mejores de Colombia. Pablo me dijo entonces: “También tenés que conocer a Óscar Castro, en Medellín”.

Un tipo especialísimo; “una inteligencia superior y el hombre más libre que conocí en mi vida”, según Luis H. Aristizábal, que fue su amigo. Y era un bohemio integral e intachable, como solo pueden serlo los mejores: solitario y borracho y tanguero, dicen. Autor de un par de hermosos tratados sobre ese juego en el que derrotó a Tigran Petrosian y a András Adorján y del que dijo, como cuenta Leontxo García: “Crecí y aprendí ajedrez entre prostitutas”. Un poeta.

“Uno sabe que llegó a Colombia cuando todas las mesas son cojas”, decía. Y también: “Algunos días, cuando me levanto, decreto amnistía general para mis deudores y acreedores; estos son siempre más numerosos”. Y su lema: “Mi aspiración es jugar hermosas partidas y si es posible ganar”.

Todo esto lo leo en internet porque nunca lo conocí, “¿qué dios detrás de dios la trama empieza?”.

El gran colombiano nació en Medellín en 1953. Se llamaba Óscar Castro y se acostó a dormir.

Juan Esteban Constaín
catuloelperro@hotmail.com



De cosecha propia, 

Hay grandes que llegan a expresar lo mejor de si mismos, a través de la grandeza de sus vástagos formados para ella en el ejemplo. En el tiempo de la medianía y el imperio de la mediocridad muy pocos llegaron a comprender el significado real de la grandeza.   

.... los hijos no son necesariamente en átomos, hay legados intangibles que crecen más y más en el tiempo y la posteridad. 

En una sociedad menor de infinitos complejos donde nadie sabe en realidad "quien  es"  y  tantos preguntan con angustia si "no saben quien soy yo "...   Crisis de valor, sentido e identidad. 

Analfabetismo de grandeza. 




 SEMANA

Las hazañas del más grande maestro del ajedrez

Óscar Castro, uno de los ajedrecistas más importantes que ha tenido el país, falleció en Medellín, en plena vía pública, producto de un paro cardíaco.

El 22 de julio de 1976, Óscar Castro se convirtió en leyenda. Ese día, en el Festival Internacional de Biel, en Suiza, logró arrinconar en el tablero de ajedrez al excampeón mundial ruso Tigran Petrosian. 
 
Con una “danza de caballos blancos”, como lo diría luego un experto de ese deporte, Castro derrotó a uno de los ajedrecistas más importantes del mundo, archirival histórico de Victor Korchnoi.
 
El triunfo de Castro tuvo tal resonancia, que Korchnoi, quien por esos días estaba en Amnsterdam compitiendo por Rusia, llamó a un amigo solo para que buscara a Castro y le diera un regalo de 100 dólares. Korchnoi, feliz, quería agredecerle el haberle dado el gusto de ver vencido a Petrosian, en una partida que aún hoy estudian las nuevas generaciones.
 
Castro falleció este domingo como consecuencia de un paro cardiaco que le sobrevino cuando caminaba por la avenida La Playa, de Medellín. En un principio especularon que Castro había sido víctima de un atraco. Pero Norbey Rodríguez, director ejecutivo de la Liga de Ajedrez de Antioquia, dice que la confusión tuvo que ver con que el viernes anterior Castro había perdido su billetera. "Pero una cosa no tenía que ver con la otra", dice.


v
Óscar Castro. Foto: Blog de Arbitraje de Ajedrez

Este maestro del ajedrez era un nómada solitario, que andaba de competición en competición. El año pasado estuvo en el Continental de mayores, en Brasil, Y hace ocho días había regresado de un torneo en San Antero, Córdoba. A sus 61 años estaba vigente, clasificado y en competencia.
 
Castro nunca hablaba de su familia. Tanto fue así, que su cadáver ingresó a Medicina Legal a eso de las 2:30 de la tarde del domingo, y solo el lunes a medio día sus amigos lograron, a través de los medios de comunicación, encontrar a una hermana.
 
Y fue difícil ubicarla.   La liga de Ajedrez estaba intentando, incluso, poder reclamar el cuerpo para hacerse cargo del sepelio. Pero Medicina Legal sólo podía autorizarle los trámites a un consanguíneo. 
 
No era que nadie se hubiese acercado al anfiteatro. La Federación Colombiana de Ajedrez, la Liga de Antioquia, deportistas y discípulos, estaban dispuestos a apersonarse de las gestiones de la velación y el entierro.




Óscar Castro. Foto: En Bola Comunicaciones

El instructor Jeison Cardona dice que a Castro, campeón nacional más de seis veces, no le gustaba hablar de sus hazañas: en el tablero su sello era la inventiva y la prodigiosa creatividad. En lo personal era un tipo llevado de su parecer. Un terco.
 
Norbey se atreve a decir que Castro era tal vez el ajedrecista más talentoso que ha tenido Colombia, por la chispa con la que enfrentaba cada juego. Pero era por otro lado, un desprendido de los bienes terrenales. Lo que se ganaba en torneos se lo gastaba o se lo donaba a algún habitante de la calle. 
Así sucedió, cuenta Norbey, una vez que se recibió un premio de 10 millones de pesos en una competición. Castro, como solía hacerlo siempre, invitó a todos sus compañeros a cenar. Cuando estaban en la mitad del agasajo, una mujer se acercó a pedir limosna. Castro no tuvo problema en quitarse la chaqueta y dársela. Pero sólo cuando ella se fue y se perdió por entre las calles, el maestro recordó que en un bolsillo de la prenda que había acabado de regalar estaban todos los fajos de billetes con los que incluso, iba a pagar la cuenta.  



Oscar Castro Credito. Foto: Blog de Arbitraje de Ajedrez 2




Estamos Construyendo el Significado y la Narrativa de la Comunicación, Periodismo, Televisión Inclusiva donde no existe Deporte Invisible ni Audiencias Excluídas.  

 Deporte Visible 2020 - Sociedad para Todos Premio BID Inclusión. 


Seguidores