miércoles, 20 de julio de 2011

EL MEGAEVENTO ¿ QUÉ GANA COLOMBIA ? > Significado.

                 


Ganancias  competitivas de País...
EL MEGAEVENTO HISTÓRICO. ¿ QUÉ GANA COLOMBIA CON LA VITRINA DEL MUNDIAL FIFA JUVENIL 2011 ?  
  • Es la vitrina deportiva más grande de la historia colombiana.   ¿500 millones de televisores encendidos por todo el mundo?  No tanto, pero sí muchos millones. 
  • Costo beneficio, el Pareto social  frente a la ley del embudo FIFA.  
  • Peso específico como país. Bálsamo paliativo en la coyuntura sociopolitica nacional.  
  • Sin derecho a un fiasco futbolístico. El sueño de ver buen fútbol. 
  • Branding, mayor posicionamiento y top of mind colombiano y de ciudades como Bogotá en el planeta deportivo. 
  • Infraestructura actualizada  para administrar ¿por privados?.
  • Oportunidad de mayor apertura y profesionalización  en la gestión deportiva.  
  • Impacto del mayor evento deportivo en importancia global realizado por Colombia.    
León Londoño y Alfonso Senior este el mayor visionario que tuvo el deporte colombiano el siglo pasado, dijeron desde hace 37 años,  Senior en 1974 en Alemania, que Colombia estaba en capacidad de hacer el Mundial de Fútbol categoría absoluta, hace 25 años en 1986. Londoño todavía dice hoy que si un político presidente no se hubiera atravesado, con 90 patrocinios empresariales, lo habían hecho. Era un mundial de 16 selecciones que debió hacer México por renuncia nuestra.  Hoy un cuarto de siglo después de ese desafío que no pasó de ser un sueño, perdida la confianza otorgada a Colombia entonces,  el país en medio de sus avatares no tiene derecho a  mostrar ni un lunar en el compromiso con el  fútbol mundial, la pantalla más potente  y vendedora del planeta. ¿Sí podemos? ¿Qué nos quedará?

"Los españoles vinieron por el oro hace quinientos años y ahora se llevan toda la plata", dijo el maestro Pelaez, la voz mayor del fútbol en la prensa nacional,  en su conversadera radiofónica de la cual no prescinde el grupo español que le paga, porque sigue encendiendo radios.   FIFA, la propietaria de la carpa, el circo más visto del mundo, con su negocio privado, viene  "a por todo el efectivo, el cash money" que los colombianos y visitantes le inviertan al mundial juvenil de fútbol. 

Los cacaos del fútbol juegan a la perfección el negocio privado que hoy impera en la economía de mercado que gobierna el mundo.    La religión que puso a China, civilización de seis milenios a imitar el depravado sistema consumista de desarrollo de una civilización de negociantes con escasos doscientos años de historia,  referencia de Paolo Lugari en reciente coloquio ambiental.  De ese calado o alcance es el juego que practican los señores del negocio deporte.   

La verdad economicista que se llevó por delante a todo mundo, tiene como dogma de fe suprema acabar con el Estado. Ni más ni menos, desbaratar lo público para imponer sin ninguna restricción ni regulación  la dictadura del mercado que siembra inequidad, concentración de riqueza y aumento de pobreza inclusive en Estados Unidos. En Colombia está en pleno furor ese fundamentalismo: "Hay que dar todo a los ricos para que empleen más pobres que no saben emprender" dice el credo de la confianza inversionista  del AIS y sus apóstoles hoy enredados con la justicia. Sociedad de amos y limosneros.  Así es la ley de los zares del deporte negocio orbital y parroquial. Pan y circo. Más ventajosos que los dueños de Transmilenio. Que el Estado ponga todo y ellos se entienden con la rentabilidad.  Luego que el Estado arregle todo lo que se dañe.   Ellos se van. Así, como en cualquier equipo de fútbol colombiano. En realidad lo verdaderamente odioso del deporte son los negociantes y sus negociados. Hieden.  
  
El Imán fútbol. También es verdad innegable, que tienen un poder mágico como el imán de Macondo cuando llegó: una fuerza de atracción portentosa que pone a mirar a casi todo mundo desde cualquier punto del orbe donde se encuentre, en el foco que ellos pongan. Logran fijar centenares de millones de miradas en el punto del planeta ordenado por ellos.  Eso vale demasiado como oportunidad en esta cruda y brutal realidad.  

El Megaevento ¿ Qué bueno nos deja?

Entonces, ¿Si FIFA viene por todo el metal, qué le queda al país anfitrión de estas "ferias y fiestas" ?   La inversión es descomunal para una nación en crisis, cercada por el cáncer de la corrupción en lo público y el gran corruptor privado. Todos los derechos se privatizaron como negocio en Colombia y la plata de esas ventas se fue al bolsillo de los particulares más ricos fuera de Colombia, la mayoría.  Cundió el mal ejemplo. Recordar la transferencia más grande de la historia que no pagó impuestos. Defraudación refinada con una marca cuya botella usa hoy como tapete la bandera nacional como patrocinador de otro símbolo "patrio" franquiciado a los privados: la selección de fútbol.

En medio de semejante paisaje, la vida continúa y hay que construir. Volveremos con las facturas después de la fiesta. El escenario hoy es de dicha. "Fuera los aguafiestas amargados" dirán los que están haciendo su fiesta monetaria.   Supongamos que no estamos en Cundinamarca,  somos Dinamarca, nada nos duele  y todo está como para dedicarnos al jolgorio del fútbol. 

Soñemos con las ganancias que nos dejará como capital social, como activo colectivo el más grande evento deportivo de que se tenga memoria en tierra colombiana.  ¿ Como Megaevento este sobrepasa a los juegos suramericanos de 2010 en Medellín? En estructura y logística no, dirán los expertos. En números cuatrocientos futbolistas no son más que cuatro mil atletas en 41 disciplinas deportivas. Pero 24  países de cinco continentes, sí son más que 15 de los juegos Odesur 2010.  En cobertura e impacto global si es de lejos el Megaevento de mayor dimensión y alcance con epicentro en Colombia.  Ahí hay una ganancia útil.  

Ganancias, todas activos de capital social. Más competitivos. 
  • Branding. Las marcas Colombia, Bogotá, Barranquilla, Medellín y ciudades del mundial, aumentarán su valor.   ¿500 millones de televisores encendidos por todo el mundo?  No tanto, pero sí muchas decenas de millones en todos los continentes. 
  • Peso específico de País. Reputación, confianza y oportunidades.  Crecer en auto confianza, competitividad y credibilidad internacional. Ese plus, valor agregado, solo se consigue con este tipo de costos.  Es menos difícil ser colombiano allende las fronteras con este tipo de logros. Es el equivalente al esfuerzo que hace una familia estrato tres enviando un hijo a estudiar en Harvard o similares. 
  • Infraestructura actualizada. "Entable" dicen en Corabastos o barrios populares. Escenarios, parque suficiente para nuevas sedes de megaeventos de este nivel hacia arriba. Peso específico como sede de grandes certámenes en diversidad de temas, y en el foco deportivo.  
  • Capital humano. Oportunidad y desarrollo de mayor apertura y profesionalización  en la gestión deportiva.  Para ser gestores y gerentes de calidad para llegar al sueño de potencia deportiva armónica, el peso específico profesional se obtiene en este tipo de experiencias. Tanto dirigente mañoso y marrullero arrasado por la técnica, tecnología y demás gajes competitivos,  tiene que dar paso a los millares de gerentes deportivos egresados de facultades profesionales  que permanecen en la banca, para subir el nivel del desarrollo deportivo desde sus diversos ámbitos. 
  • Son más los ítems de capital social que deja un megaevento como este que rueda en la lógica del que realizó Medellín en 2010, donde la sala de la casa parecía un paraje de ciudad europea, estampa y momento real que le permite a una familia pobre, creerse la verdad de ser parte de algo posible para salir del círculo vicioso y la espiral de pobreza, exclusión y violencia. Ver una gala de esta dimensión en la casa propia tiene un efecto vivencial de aprendizaje, que cuesta todo lo invertido.
  •    
  • ¿Posible Ganancia?
    El sueño de un título importante. ¿Seremos campeones mundiales juveniles? Probable pero poco posible. Sería muy útil. Si en algo nos hemos acostumbrado a ser secundarios es en resultados de fútbol. 
    Lo mínimo esperado es una actuación decorosa, digna, de buen ejemplo, que no manche el buen nombre construido con este esfuerzo ni  deje un mensaje negativo a los juveniles futbolistas y deportistas colombianos en general. Sería inaceptable encontrar una selección mediocre y en conflicto.  
Los problemas de Colombia estarán ahí y no se resolverán con los más de quinientos mil millones que cuesta al erario toda esta operación, pero igual es cierto que una fiesta quinceañera  bien jalada nunca se olvida y trasciende en autoconfianza y autorespeto para toda la familia.   En esa fiesta, a los dirigentes del fútbol no hay que perderlos de vista y mirarlos con suficiente desconfianza. Han demostrado hasta la saciedad por qué merecen ser vistos así. No son de fiar. Yo no los llevaría a mi casa y menos los dejaría solos. 

Hay que gozar todos estos beneficios que justifican tamaño gasto público sin quitarle el ojo a las vagabunderías y  vagabundos que siempre están ahí depredando al erario.  ¿En la moda de destapar ollas, este mundial dejará alguna?  Hay que ver.      

Escrito por Hernando Ayala M. - Periodista.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores