domingo, 23 de febrero de 2014

Blindar los valores olímpicos . Política y Deporte ¿Agua y aceite?


                                                             


Política y Deporte ¿Agua y aceite?


Blindar los valores olímpicos 

  • Construir olimpismo en la posmodernidad.
  • Lecciones de Sochi  2014  hacia Río 2016 y Tokio 2020.   


 *Escrito por Hernando Ayala M. Periodista. DEPORTE VISIBLE 2020. 

                         Columnista Invitado en Revista Olímpica marzo 2014.


“Los Juegos Olímpicos son estrictamente un acontecimiento deportivo que no debería ser utilizado como herramienta política”. “El olimpismo no acepta ninguna discriminación”, precisiones de Thomas Bach presidente del Comité Olímpico Internacional en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno Sochi 2014. El ideal olímpico será realidad cuando no necesite hacer este tipo de salvedades ante nadie. Lo tuvo que hacer Bach este año  y lo debieron hacer otros durante el tiempo transcurrido desde Pierre de Coubertin en épocas como Berlín 1936, cuando su voz póstuma necesitó del magnetófono para advertir sobre la preservación de la esencia olímpica.  

El profesor Ian Buruma, distinguido como uno de los cien pensadores del mundo en 2010 según Foreign Policy, revista política internacional, habla de la “idiotez de los valores olímpicos” para referirse al uso político  que buscan hacer gobiernos anfitriones de Juegos Olímpicos, en el propósito de ocultar realidades inaceptables en la era de los derechos. Censura en Beijing 2008, homofobia en Sochi 2014, menciona el escritor holandés. Amén de fenómenos colaterales de degradación como corrupción a gran escala, denunciados en Rusia.

¿Los valores olímpicos idiotas útiles de la ideología política? Es la inferencia de quienes cuestionan el manejo de cada acontecimiento deportivo de esta dimensión, por parte de los gobiernos y sus grandes inversiones en el alistamiento de cada sede.   La carta olímpica propone el acontecimiento de los juegos como una competencia entre atletas que ni siquiera  significa rivalidad  de países. A ese ámbito deberían estar circunscritos: foco total en los atletas y pleno ejercicio de los valores propios de la competencia deportiva basada en la hermandad, inclusión, lealtad, disciplina, esfuerzo y juego limpio. Olimpismo entendido como un conjunto de valores, una filosofía de vida social en equidad, encaminada a formar mejores seres humanos con base en la dimensión educadora del deporte.

La protesta social  otro uso político del deporte

Una preocupación latente en el movimiento olímpico internacional, es la sombra creciente de la protesta social que se acentúa cada día en las ciudades sede de Juegos Olímpicos, por los altos costos e impacto social y económico que genera el esfuerzo para cumplir este acontecimiento asociado a la opulencia. La mayor audiencia planetaria para un evento que reúne a doscientas banderas nacionales sobre el pecho de los protagonistas de la competencia, la diversidad de atletas de todo el mundo, está en la mira de los movimientos ciudadanos que impulsan la protesta social.
La sede de los Juegos Olímpicos de verano en 2016,  Río de Janeiro, mantiene en vilo la incertidumbre que hoy acosa al gobierno del movimiento deportivo por la realidad social que convulsiona  en el entorno de la histórica primera cita del  olimpismo en pleno en territorio suramericano. ¿Qué ocurrirá con la protesta social en el Mundial de Fútbol Brasil 2014?,  es una expectativa por resolver que mandará un mensaje claro de lo que podrá sobrevenir en un evento mucho más concurrido y de más alto impacto como son los Juegos Olímpicos.  Río 2016 con todo el ideal de unos juegos inolvidables, históricos en la hora del deporte suramericano, trata de ganar una carrera contra el reloj para recuperar tiempo perdido.  

Un retraso  grande encontró el gobierno olímpico internacional en su primera visita de 2014 a Río para verificar el avance en la ejecución del proyecto.  Pero más fuerza que el susto por la tardanza en las obras, más peso tiene la incertidumbre del manejo que el gobierno  anfitrión pueda dar al creciente malestar social por razones de la inequidad, que amenaza convertirse en una ola de protesta  anunciada que es posible saber donde comienza pero nadie tiene idea de cuál pueda ser su desenlace.
                                                                             Imagen alegórica a la urgente  necesidad de rescatar los valores olímpicos. 

Valores para un olimpismo en la posmodernidad

El movimiento olímpico sabe con certeza que las transformaciones sociales y la nueva ecuación del orden de la civilización humana en el mundo global, ha permeado todas las estructuras de poder sin excepción. Los ciudadanos de hoy no son los del imaginario tradicional del siglo pasado.  Rescatar los valores olímpicos  olvidados según Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español, no será posible con fórmulas tradicionales. 

El mundo hoy se relaciona, se comunica, aprende y desaprende de maneras muy distintas a como fue el siglo veinte, periodo de desarrollo del olimpismo moderno. El gobierno del movimiento olímpico en sus distintos niveles está consciente de los desafíos ineludibles para preservar y fortalecer la civilización deportiva. El presidente del Comité Olímpico Colombiano, Baltazar Medina, habla de humanizar el deporte mediante una ética centrada en valores olímpicos. La esencia seguirá siendo la misma, pero la forma y el método son distintos. Los significados y el lenguaje olímpicos, tienen que asimilar la realidad contemporánea  con su diversidad de  formas. 

Un olimpismo distante de los ciudadanos y cercano a los gobiernos en trance de usar y manipular el deporte para sus fines políticos, reforzará un imaginario adverso a sus significados de  paz, hermandad, integración, lealtad y amistad sin fronteras del género humano. El olimpismo sabe que debe repensar su forma de sintonizarse con la gente, con los pueblos. Para ello debe reinventar las fórmulas para definir los escenarios, lugares, condiciones y dimensión del esfuerzo en gasto público para  las sedes de los juegos de la postmodernidad. Más de una ciudad, más de un país, son ideas en examen para asignar futuras sedes.  ¿Austeridad? ¿Opulencia desmesurada? La gente hoy sabe más, ve más, se informa más, dice más y por ello la inconformidad crece. 
El olimpismo no es asunto excluyente de ricos. Su esencia, sus valores dicen lo contrario.   Sochi y su desborde económico, sus problemas discriminatorios y excluyentes,  de opulencia pre moderna,  encierra un mensaje nítido sobre qué no debe ser, en la frecuencia de un olimpismo universal sintonizado con el género humano y no solo con los pudientes.  Hay que blindar el espíritu olímpico con sus valores efectivos, para poder ser el paradigma universal que cubra a todos los seres humanos sin excepción. <>

 
Escrito por Hernando Ayala M. Periodista -  Deporte Visible 2020 - Sociedad para Todos Premio BID Inclusión. 



        


DEPORTE VISIBLE 2020 

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