miércoles, 9 de septiembre de 2015

Desafíos del periodismo en Río 2016 histórico



Diversidad Narrativa para una potencia deportiva

         Periodistas de calidad, veraces, mejores y más creíbles para audiencias y comunidades diversas

 Hernando Ayala M.  Periodista  publicado en Revista Olímpica   

“Nuestra profesión necesita nuevas
fuerzas, nuevos puntos de vista,
nuevas imaginaciones”
Ryszard Kapuściński

  
Si a algo teme el ser humano es a la diversidad, a la diferencia, a los otros distintos, realidad que se convierte en la mayor pérdida por desperdicio de la riqueza que representa, potenciar  todas las capacidades que hay en todos, desde el valor supremo de la libertad y la autonomía.  Los males del monopolio deportivo no están en la industria mediática, cuya verdad es rentabilidad, negocio. La exclusión, discriminación, invisibilidad e indiferencia informativa que frena el desarrollo de la mayoría absoluta de las especialidades deportivas, ya no debe quedar focalizada solo en un culpable, en un actor del proceso. La causa central del bloqueo informativo para el desarrollo deportivo integral, no está en lo que dejan de hacer por los otros deportes, los hábitos monotemáticos del periodismo industrial cada vez más distantes del ideal periodístico.   Es la resignación, ausencia de convicción, iniciativa, imaginación y falta de emprendimiento de cada comunidad deportiva que se abandona a su suerte, teniendo todo hoy para solucionar la carencia.

Comprar la convicción, apropiarla y apostarle, es la cuota inicial de una sociedad que quiera llegar a ser de verdad potencia deportiva, sin abandonarse a la suerte impuesta por una posición dominante. Las grandes transformaciones históricas y sociales devienen de la convicción y acción colectiva. Así se forma una cultura y un patrimonio intangible, pensamiento y comportamiento trascendente en el espíritu de una colectividad nación. No hay que esperar la desaparición de la inequidad mediática industrial, para emprender el camino de alcanzar un lugar en el espectro social y potenciar cada proceso deportivo coherente para tejer la cultura soñada por los mejores, los atletas.

Las comunidades deportivas emprenden cada vez con mayor criterio autónomo, el ejercicio de narrativas y discurso potente para alimentar un periodismo deportivo propio, una comunicación libre desde su propio derecho y capacidad para suplir el espacio nunca copado  o abandonado por quienes se comprometieron a hacer periodismo profesional en todo el deporte y se convirtieron en rutina predecible monotemática repetida de rotunda pobreza narrativa.
Todos a una, la mayoría han abandonado un espacio que hoy debe ser copado por las audiencias autónomas, capaces de relatar hechos, significados y realidades del deporte que bien pueden ser mejor comprendidas a partir de la representación elaboraba por quienes conocen cada especialidad.  La esencia de los medios sociales libres para todos es esa, autonomía narrativa, comunicativa, para la multiplicidad y matices de significados y saberes deportivos, desde la diversidad de especialidades. No hay por qué ser hoy invisibles ni desconectados de los pares en cada entorno.

Periodismo deportivo más predecible menos relevante


Cada atleta en unos juegos de ciclo olímpico tiene que dar hasta el límite extremo de su propia capacidad exigida para alcanzar un lugar de excelencia. Lo mismo tiene que ser siempre para cada periodista que se decide a estar en unos juegos panamericanos  u olímpicos, donde participan más informadores profesionales que competidores.

Sin el sello ni el registro personal de cada uno, no hay lugar en las audiencias, todo se reduce a un paseo y el resultado esperado de conocer la historia que le correspondía narrar, no llegó. Frustración en quienes esperaron su aporte.  La mayoría absoluta de las historias por contar en las masivas participaciones, no son relatadas y los atletas pasan invisibles en un espectro mediático que repite una y otra vez, resultados, imágenes, nombres y relatos comunes. El aporte individual específico del periodista no aparece. La competencia industrial se reduce a decir todos lo mismo, al tiempo para que nadie vea nada distinto.

La colonización contemporánea de América la realizan los capitales extranjeros y el deporte negocio monopolio mundial. El periodismo deportivo colonizado  se comporta subalterno en obediencia al discurso del  eurocentrismo donde la civilización y la cúspide de la realización es un lugar en el mapa de ese continente. Como ciertos obreros, hay periodistas que se solazan haciendo las cuentas del dinero de sus patronos.  El que no llega allá, no estuvo en la élite.

Un periodismo más predecible, repetido, rutinario en su prédica, es cada día menos relevante, pierde peso específico y ha dejado de ser consultivo u orientador de toma de decisiones en las comunidades deportivas y la sociedad en general. Ese periodismo se queda cada vez más en el plano de anunciador, perifoneo,  parlante amplificador de un discurso único, pero va dejando de contar en importancia y veracidad para audiencias calificadas con criterio autónomo. No pasa del ruido de la inmediatez que se diluye en el espectáculo y entretenimiento efímeros.  El proceso social formador de cultura deportiva consulta otros medios, relatos y fuentes relevantes de información. Un periodismo deportivo así es visto como sinónimo de liviandad, ligereza, incapacidad para la profundidad creíble.    

Más que nunca el medio es el mensaje, la esencia es qué dice el relato

La profecía de la aldea global, la sociedad informacional, los medios sociales de las audiencias potentes y autónomas, la realidad contemporánea descrita por el filósofo educador canadiense Marshal McLuhan, advirtió hace 55 años que el monopolio de la información viviría el dilema que hoy enfrentan los medios industriales. Lo que le queda a estos para imponer su ley es el monopolio de los derechos de transmisión, pero el relato, las narrativas, la veracidad, significado y la credibilidad de los mensajes, va por cuenta de las audiencias cada vez con mayor poder autónomo.  Las audiencias cada vez están más fraccionadas y las comunidades por intereses, especialidades de conocimiento, se retroalimentan  entre sí cada día más por  cuenta propia.  Nadie tiene ahora la única ni última palabra.

El contenido es el rey y las audiencias mandan

El poder informador ahora no es exclusivo de los medios, la autonomía y el poder es de las audiencias que escogen cómo, con quién, en qué momento y cuando se juntan. En los dos juegos multideportivos máximos de ciclo olímpico para las Américas y el mundo, los mensajes serán infinitos en número. Nadie tendrá el monopolio para controlarlos. Cada ciudadano, participante o interesado será informador con su propio canal, los móviles son la herramienta. Las transmisiones masivas serán un facilitador para visualizar. La veracidad y comprensión será por cuenta de cada usuario.

Narrativas propias, significado y sentido

Los periodistas parados en el facilismo del dato y el resultado escueto como el todo de su misión informativa, serán reemplazados de manera inexorable por los informadores y su movilidad a través de twitter y similares.  El asunto no es decirlo primero y punto.  El valor, importancia, fondo, relevancia del trabajo periodístico está en el aporte para permitir comprender, saber el por qué  y para qué de cada hecho relatado.  

En años de Juegos Olímpicos y Juegos Panamericanos  para el continente, no hay asunto con mayor número de mensajes y contenidos medidos en volumen por las métricas de la web, que los relacionados con deporte, olimpismo, juegos, panamericanos. 

Londres 2012  olímpicos  fue el tema de mayor frecuencia movilizado por la internet  en ese año. Esos fueron los juegos sociales  según los estudiosos del fenómeno en las ciencias de la comunicación, en referencia a la actividad alcanzada por todos los usuarios, audiencias que difundieron información por los medios, redes sociales y comunidades del ecosistema digital.  Demostración contundente de la autonomía de las audiencias.

Ya no habrá más especialidades o disciplinas deportivas bloqueadas y condenadas a la invisibilidad por incapacidad o agenda de los medios industriales ocupados en los pocos con resultados. Todo mundo cuenta y se informa cada vez más por sus propios medios  y con sus relatos específicos para su comprensión autónoma, a través de las redes que van tejiendo.  La pretensión de controlar ese poder resultará al menos infructuosa.

Repotenciar al periodismo de calidad reinventándolo

El deporte en ninguna de sus variables será invisible para sus interesados ni para el ecosistema deportivo, tampoco lo será el periodismo llevado a cabo por quienes así lo deseen.  La invisibilidad será para los periodistas que no sean capaces de reinventar y potenciar su función relevante en el entorno que prefiera.  El olimpismo como cultura global tiene suficientes fieles, evangelistas y narradores que cuenten con veracidad sus realidades, significados y actualidad. No harán falta periodistas que no sean mejores que las audiencias.

El ejercicio periodístico pobre, obvio, lugar común, predecible, repetido, sumirá en la insustancialidad, irrelevancia y carencia de audiencias, a quienes persistan en ser presumibles periodistas sin creatividad, máxima exigencia, rigor, marca propia, para tener espacio y credibilidad en cada comunidad. No bastará el ruido, espectáculo y entretenimiento  para convencer a quienes necesitan el servicio social de un periodismo competente, capaz, de calidad, que marque diferencia y sello propio en cada aporte.   Es tanto como pretender la presencia masiva de escritores sin historias propias, repitiendo todos lo mismo. Un periodismo minusvalorado hace carrera en el imaginario de muchos que lo miran en tono peyorativo.

Más allá de los juguetes, las “prótesis” que en últimas significan las herramientas tecnológicas,  la ausencia de contenidos, significados, aporte específico de calidad,  invertirá en definitiva la ecuación que durante ochenta años vivió el olimpismo para el caso colombiano y el de la mayoría del continente americano. Los invisibles no serán los deportes ni sus actores relevantes, formadores de auténtica cultura. Quienes no se verán en el espacio deportivo de una sociedad, serán quienes no hayan realizado la capacidad de hacer periodismo de hoy, con significado, sentido y contenido válido. El desafío es nítido e irrefutable. Ser, o no.  <>  






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